Trabajo presentado en Abril de 2010 por el Hno.·. JFR
En esta ocasión voy a referirme al abuso sexual infantil, desde la perspectiva de la familia y de la víctima, es decir, del niño y su grupo familiar. Mi experiencia se debe a que he tenido que tratar con este tipo de casos a lo largo de mi carrera de abogado, los cuales se salen del típico caso de investigación al que estamos acostumbrados profesionalmente, ya que posee características especiales: se requiere fundamentalmente de la colaboración estrecha de psicólogos y psiquiatras especializados en el tema; y de los familiares cercanos de la víctima – los padres.
Demás está decir que es uno de los delitos más aberrantes que existen, contra seres indefensos y en etapa de formación; y tiene la característica de que las secuelas se prolongan con el tiempo; el abuso sexual puede terminar, pero deja huellas indelebles en la psique del niño, y en tanto destruye la confianza depositada en los encargados de su cuidado y educación – cuando se trata de abusos en colegios o instituciones que tienen a su cargo niños– y de alguna manera también se ahonda la sensación de abandono y peligro que siente el menor, para con los padres – ya sea para protegerlos del abusador (ya volveré sobre este punto) o porque los padres y/o familiares no se dan cuenta de ello.
¿Cómo darnos cuenta de que un niño está siendo abusado? Lo natural es que un niño juegue, corra, haga lío; es decir, ponga en movimiento toda la vitalidad y la energía propia de su edad. Cuando vemos que una criatura (niña o niño) empieza a manifestar signos de abatimiento, tristeza, pesadillas, a llorar sin motivo aparente, no quiere salir de casa y que lo dejen al cuidado de otra persona, hace dibujos sexualizados, o que representan figuradamente genitales, o no quieren hablar por ejemplo de la escuela o actividades fuera de casa; se nos debe encender una señal de alarma. Podemos estar frente a un caso de abuso infantil.
Los abusadores buscan preferentemente víctimas de 4 a 5 años, dado que éstas son más vulnerables en todo sentido, además de la dificultad que tienen a esta edad para describir la situación, debido a la poca edad y nula experiencia. Eso no implica que también puedan ser abusados niños de mayor edad, pero en este caso, es la autoridad jerárquica la que impera para lograr los fines del abusador.
Caso 1.- Los chicos dibujaron picos de montaña nevados, picaportes de puerta con forma de pene, figuras humanas adultas con genitales, todo ello en forma espontánea.
Caso 2.- El colegio hizo entrega solamente de dos láminas de dibujo. Cuesta creer que en todo el año, la niña hubiera realizado solo dos…. por supuesto en dichas láminas no se podía entrever nada. Pero esta ausencia de dibujos, puede ser tomado como un indicio probatorio.
Ambos casos sumados a las demás señales arriba indicadas, nos permite ir completando un cuadro de posible abuso. A esto, además de la obligatoria consulta que ya se impone con el psicólogo, se le añade una entrevista mediante la denominada cámara Gesell; que es una sala con un espejo de un lado, que permite observar la actividad del niño a través del espejo, sin que éste advierta la presencia de otras personas, de manera tal que realice esta actividad en forma espontánea, siendo monitoreado para ello por especialistas.
Volviendo al punto sobre el miedo por los padres, que siente el niño; además de la vergüenza propia, por el pudor – a los 4/5 años los niños empiezan a tomar conciencia del pudor - muchas veces los victimarios amenazan de diversas formas, como por ejemplo: mediante cuentos infantiles deliberadamente manipulados, que les van a ocurrir cosas terribles a sus padres, si ellos se enteran de los “juegos” que hacen por ej. con el profesor. En un caso en particular en el que me tocó intervenir como abogado; el profesor narraba el célebre cuento del flautista de Hamelin, para luego señalar que las ratas se comerían la comida de toda su familia, y se morirían de hambre, si los padres se enteraban de lo que pasaba en clase.
Paradójicamente, este hecho fue, en definitiva, la prueba principal que lo vinculó en casos de abuso en 4 colegios distintos.- Los chicos de los cuatro colegios narraban la misma historia con ligeras variantes. Este factor común en chicos que no tenían ningún tipo de contacto entre si, fue la perdición del abusador. Sin esto habría sido casi imposible acreditar el delito. Doy este ejemplo para señalar la dificultad en obtener pruebas contundentes para este tipo de delitos.
Volviendo al tema de los padres, con los chicos amedrentados, y con conciencia de proteger a sus familias de las ratas, se guardaban para sí los abusos de que estaban siendo objeto.
Otro tema más para observar y prestar atención es qué clase de juegos practican los chicos y con quiénes lo hacen. Ello es así dado que, generalmente, los abusadores disfrazan en éstos sus acciones. Por ejemplo, en el Colegio X, el profesor de música les hacia jugar a taparse los ojos con una especie de gorrito y adivinar qué clase de instrumento soplaban. De más está decir qué clase de objeto introducía en la boca de los niños…
En otro Colegio H se disfrazaban los tres abusadores; por ejemplo, uno de Santa Claus, el otro de mago y el tercero de monje; y obligaban a bañarse a los niños mientras los filmaban. Otra de las dificultades que generalmente nos vamos a encontrar, y es aquí donde se produce nuevamente una conducta abusiva, no solamente para el niño, sino que además para toda la familia, es la reticencia en la colaboración por parte de las autoridades del lugar donde ocurren los hechos. He tenido la experiencia de que las autoridades de las escuelas donde me tocó intervenir no solamente me negaran el hecho y me maltrataran, sino que además se tomara conocimiento de la convocatoria a asamblea de padres en el salón de acto del Colegio, donde frente a cientos de padres de alumnos, ante el pedido de respuesta por parte de los padres, el propio director acompañado por el abogado del colegio negaba el hecho, y sacaba a relucir el concepto de legajo escolar del niño, como forma de denostar la veracidad del hecho. En esa oportunidad la autoridad trató de mentirosa a la niña que le había contado al padre lo que le pasaba en clase. Es más, luego de dicha asamblea, se contrató por parte del colegio, y pagado por los padres, un asesoramiento – que fue una suerte de pesquisa psicológica. Los resultados de la misma señalaban que no había ocurrido ningún episodio de abuso sexual. Supimos que una de las psicólogas que realizó el trabajo de campo renunció en medio del mismo, y el único resultado que se obtuvo fue un comunicado de la autoridad Escolar, diciendo que ningún niño había sido abusado. Casualmente a todos los niños que presumiblemente fueron abusados, hubieran denunciado el hecho o no; no se les renovó la matrícula para el año siguiente, salvo aquellos pocos casos en que los padres aceptaron las conclusiones de la comisión investigadora, en la que, por supuesto, negaron la ocurrencia de hecho alguno, comprometiéndose a firmar a instancias de las autoridades del colegio unos documentos donde manifestaban que a sus hijos no les había pasado nada.
Existe en esto un nuevo abuso, porque además de no contener a la familia y mucho menos al niño, taparon el hecho y no tuvieron piedad en separar a los chicos de sus compañeritos.
Presencié cuando uno de los chicos le preguntó a su papá por qué los castigaban echándolos y si estaba mal haber contando lo que le había pasado en el colegio mientras lloraba porque ya no vería más a sus amiguitos. Es decir, no solamente los abusaron, sino que además los castigaron por eso. Pero además también echaron a los hermanos que estaban en otros cursos, entre ellos, a una chica que estaba en 4° año de secundaria, y era el mejor promedio de su promoción, haciéndole perder la posibilidad de ser abanderada.
Esto le generó muchísima culpa al pequeño abusado. Se castigó a toda y todas las familias de los chicos abusados – aproximadamente 9 casos. Sin palabras.
Como verán, estamos ante una verdadera epidemia de pedofilia, y no solamente en nuestro país, sino a nivel mundial; y teniendo en cuenta que el pedófilo no tiene cura, debemos estar alertas, ver las señales, y ser activos defensores de nuestro futuro, que son nuestros hijos.
H.·. J.F.R. Confraternidad Argentina